Ayer no fue un día cualquiera: fue una jornada llena de fe, alegría y generosidad mientras celebrábamos la Solemnidad de la Anunciación de María y la Fiesta de las Hermanas Dominicas de la Anunciata. Toda la comunidad educativa —estudiantes, padres, profesores, personal del colegio y las hermanas— se reunieron para vivir una experiencia única, marcada por la unión y la entrega.
La jornada comenzó con la presentación oficial del logo conmemorativo por el 150 aniversario de la muerte del Padre Coll, nuestro fundador. Clarizza, nuestra postulante, compartió con entusiasmo el significado de cada detalle del diseño, resaltando los valores y el legado que nos dejó el Padre Coll. Sus palabras resonaron con fuerza, recordándonos la importancia de mantener viva su misión.
Seguidamente, nos congregamos para el momento más sagrado del día: la Eucaristía. La misa fue presidida por el Padre Aris, un querido amigo de nuestra comunidad, quien nos regaló una homilía inspiradora. Sus palabras nos ayudaron a profundizar en el sentido de esta solemnidad, destacando la valentía y la fe inquebrantable de María al decir “sí” al plan de Dios. Nos invitó a seguir su ejemplo, viviendo nuestra vocación con la misma confianza y entrega.
Después de la misa, la celebración continuó con la Feria Anunciata Solidaria, un evento lleno de vida y entusiasmo. Estudiantes, profesores y hermanas participaron activamente organizando puestos donde se vendieron diversos artículos. Pero el propósito iba más allá del beneficio personal: cada aportación estaba destinada a la Fundación Anunciata Solidaria, apoyando a quienes más lo necesitan. El espíritu de solidaridad y entrega se sintió en el ambiente, mientras todos colaboraban con alegría, sabiendo que cada pequeña contribución marcaría la diferencia en la vida de otros.
Entre risas, juegos y momentos compartidos, los patios del colegio se transformaron en un espacio de caridad en acción. No se trató solo de vender, sino de servir, de dar y de crear algo más grande entre todos, como una verdadera familia.
Más allá de las actividades festivas, la jornada nos brindó la oportunidad de reflexionar sobre nuestra fe y vocación. La Solemnidad de la Anunciación nos recordó la humildad y el coraje de María, quien aceptó el plan de Dios con un corazón abierto. Su ejemplo nos anima a vivir con esperanza y a responder cada día a la llamada divina, confiando en que Él nos guía y fortalece.
Al finalizar esta jornada tan especial, nos llevamos el corazón lleno de gratitud y renovado entusiasmo por nuestra misión. Que esta celebración siga inspirándonos a ser una comunidad educativa unida, llena de fe y entrega al servicio de los demás.
¡Feliz fiesta a todos! Que el “Sí” de María nos impulse siempre a vivir con amor y compromiso.
Hna. Thuy, OP