Continuando mi noviciado en Barcelona

07/09/2026

Hace ya más de un mes que llegué a Barcelona. Después de meses de preparación, espera y, finalmente, del viaje, me encuentro en la comunidad de Elisabets para continuar mi segundo año de noviciado.

Soy filipina y esta experiencia supone para mí mucho más que un cambio de lugar. Es una oportunidad para continuar mi proceso de formación en un contexto diferente, conocer otra realidad de nuestra Provincia y compartir la vida cotidiana con hermanas a las que voy descubriendo poco a poco.

Mis primeros días fueron, sobre todo, un tiempo para observar, escuchar y adaptarme. Todo me resultaba nuevo: la lengua, las calles, la comida, los horarios e incluso el ritmo de la vida cotidiana. Como todavía estoy aprendiendo español, muchas veces necesito escuchar con especial atención. Hay momentos en los que entiendo solo algunas palabras y otros en los que consigo seguir una conversación gracias a una sonrisa, un gesto o el contexto. También me he encontrado con el catalán, que está siendo otra experiencia nueva e interesante para mí.

Sin embargo, más que la ciudad, lo que ha hecho especial este primer mes ha sido la experiencia de compartir la vida comunitaria con las hermanas de Elisabets.

Llegar a una nueva comunidad significa encontrarse con hermanas diferentes, cada una con su historia, su personalidad, sus costumbres y su manera de vivir y de cuidar a los demás. Desde el principio me he sentido acogida a través de pequeños gestos: las conversaciones, las comidas compartidas, el trabajo juntas y tantos detalles sencillos que forman parte de la vida cotidiana. Poco a poco, estos momentos han hecho que un lugar que al principio me resultaba desconocido vaya sintiéndose más cercano.

También estoy aprendiendo a valorar las diferencias entre unas comunidades y otras. La manera de hacer algunas cosas aquí no siempre coincide con lo que yo conocía, pero voy descubriendo que estas diferencias también forman parte de la riqueza de nuestra vida como congregación. Tenemos distintas costumbres, lenguas y maneras de vivir el día a día, pero nos une una misma vocación y el deseo de seguir a Jesús viviendo el carisma que hemos recibido.

Una de las cosas que más valoro de esta experiencia es poder convivir con hermanas que llevan muchos años de vida religiosa. Su presencia me recuerda que la vocación no se vive únicamente en las grandes decisiones ni en los momentos extraordinarios. Se va construyendo también en lo cotidiano: levantarse cada día, orar, trabajar, ayudarse mutuamente, acoger a las personas y permanecer fieles en las pequeñas cosas.

Este primer mes me está enseñando a escuchar más, a observar antes de sacar conclusiones y a tener paciencia con aquello que todavía no comprendo. También me está ayudando a valorar los pequeños gestos y los momentos sencillos, porque muchas veces son precisamente ellos los que hacen que un lugar desconocido comience a sentirse como un hogar.

Más de un mes es todavía poco tiempo y me queda mucho por descubrir: la cultura, la realidad de nuestra Provincia, la comunidad y, sobre todo, a las hermanas con las que ahora comparto este camino. Pero estoy agradecida por este comienzo y por la oportunidad de continuar mi noviciado aquí, en Barcelona.

Al seguir adelante en esta etapa, deseo mantener el corazón abierto a las experiencias que vayan llegando, a las personas que encuentre y a tantas pequeñas cosas a través de las cuales Dios sigue hablándome y enseñándome cada día.

Hna. Clariza Agmaliw, OP