La fiesta de fin de curso 2025-2026 en la residencia Elisabets fue un momento muy especial para todas las que vivimos y convivimos durante este período. Más que una simple celebración, fue una oportunidad para agradecer todo lo compartido a lo largo de este año y recordar cada experiencia, aprendizaje y amistad que hicieron de la residencia un verdadero hogar lejos de casa.
Dios nos guía a lugares inesperados, ya sea porque los buscamos o porque ellos nos encuentran a cada una de nosotras. Muchas llegamos a Barcelona por estudios o nuevas oportunidades, sin imaginar que encontraríamos un lugar donde sentirnos acompañadas. Poco a poco, la residencia Elisabets dejó de ser solo un espacio donde vivir y se convirtió en un hogar temporal lejos de casa.
La residencia Elisabets, fundada bajo los valores de Francisco Coll y acompañada por las hermanas, ha sido para nosotras un espacio de fe, fraternidad y crecimiento personal. Francisco Coll dedicó su vida a la educación, al acompañamiento y al servicio hacia los demás, especialmente a través de la formación humana y espiritual. Su ejemplo de humildad, esperanza y entrega sigue presente en la misión que las hermanas transmiten cada día dentro de la residencia.
La temática de este fin de curso 2025-2026 estuvo inspirada en la idea de dejar huella y ser luz y esperanza allí donde vayamos. Dejar huella no significa hacer grandes cosas, sino estar presentes para las demás en los pequeños momentos: escuchar, acompañar, compartir una conversación y ofrecer una parte de nosotras mismas a los demás y al lugar donde estamos.
La celebración fue organizada entre todas las residentes, quienes colaboramos en la preparación de las actividades y en cada detalle de la convivencia. Durante la noche compartimos música, cantos y distintos momentos que hicieron del cierre de curso un espacio agradable y significativo para todas; momentos en los que pudimos detenernos para dar gracias por este año compartido, por las personas que conocimos y por todo lo que aprendimos unas de otras. También despedimos a varias jóvenes que, después de muchos años viviendo en la residencia, ahora comienzan nuevos caminos fuera de ella.
Aunque cada una seguirá caminos diferentes, todas nos llevamos algo especial de esta residencia: de las personas y amigas que hicimos, y también dejamos aquí una parte de nosotras mismas. La residencia Elisabets no solo fue un lugar donde vivimos, sino un espacio donde encontramos amistad, apoyo, esperanza y una familia lejos de casa.
María Tecanhuehue González, residente


























