El pasado 29 de octubre de 2025, en el Colegio Anunciata vivimos con alegría nuestra segunda Parada de los Santos. No fue solo un desfile con disfraces o representaciones históricas: fue una verdadera celebración de la fe, un recordatorio de que la santidad no es algo lejano o imposible, sino una llamada para todos.
Este año, la presencia de las Hermanas dio un tono aún más profundo a la jornada, que compartimos con alumnos, profesores, familias y personal del centro. Juntos rendimos homenaje a los santos, no solo recreando su vida, sino dejándonos tocar por su ejemplo y su oración.
Mientras caminábamos recordando a estos hombres y mujeres de Dios, sentí que la santidad es una vocación universal. Los santos fueron personas normales, con sus debilidades y luchas, pero que dejaron que la gracia de Dios transformara su vida. Su amor por el Señor y su deseo de servir a los demás los hizo testigos luminosos del Evangelio.
De ellos aprendemos que la santidad es posible en cualquier tiempo y circunstancia. No se trata de hacer cosas grandes o extraordinarias, sino de vivir con amor lo pequeño de cada día: ser amables, compasivos, honestos, orantes… seguir a Jesús en lo cotidiano.
Al contemplar figuras como san Francisco Coll, que dedicó su vida a la educación de los más pobres; santa Teresa de Calcuta, que amó a los más necesitados; o san Juan Pablo II, testigo valiente de la verdad, comprendemos que cada uno está llamado a reflejar el amor de Dios de una forma única.
También hoy estamos llamados a ser testigos de su amor: con un gesto de bondad, una palabra que consuela, una mirada que perdona. Cada acto de generosidad o de esperanza puede ser una pequeña semilla de santidad en el mundo.
La Parada de los Santos no fue solo una fiesta alegre, sino también una invitación silenciosa a mirar dentro de nosotros y preguntarnos:
¿Cómo puedo ser santo hoy? ¿Cómo puedo mostrar el amor de Dios en mi familia, en mi colegio, en mi comunidad?
Cuando vivimos con fe, esperanza y amor, nos convertimos en testigos de la bondad de Dios y en instrumentos de su paz.
Que esta celebración nos ayude a seguir el camino de los santos, haciendo visible el amor de Dios allí donde estemos.
Como ellos, queremos orar cada día:
“Señor, hazme testigo de tu amor en el mundo de hoy.”
Hna. Anna Nguyễn Thị Thu Hà









